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lunes, 8 de septiembre de 2014

"Paso del norte" por Juan Rulfo

Titulo: Paso del norte
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"—Me voy lejos, padre; por eso vengo a darle el aviso.
        —¿Y pa ónde te vas, si se puede saber?
        —Me voy pal Norte.
        —¿Y allá pos pa qué? ¿No tienes aquí tu negocio? ¿No estás metido en la merca de puercos?
        —Estaba. Ora ya no. No deja. La semana pasada no conseguimos pa comer y en la antepasada comimos puros quelites. Hay hambre, padre; usté ni se las huele porque vive bien.
        —¿Qué estás ahi diciendo?
        —Pos que hay hambre. Usté no lo siente. Usté vende sus cuetes y sus saltapericos y la pólvora y con eso la va pasando. Mientras haiga funciones, le lloverá el dinero; pero uno no, padre. Ya naide cría puercos
en este tiempo. Y si los cría pos se los come. Y si los vende, los vende caros. Y no hay dinero pa mercarlos, demás de esto. Se acabó el negocio, padre."

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"No oyes ladrar los perros" por Juan Rulfo

Titulo: No oyes ladrar los perros
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"—Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
        —No se ve nada.
        —Ya debemos estar cerca.
        —Sí, pero no se oye nada.
        —Mira bien.
        —No se ve nada.
        —Pobre de ti, Ignacio.
        La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.
        La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.
        —Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio."

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"Anacleto Morones" por Juan Rulfo

Titulo: Anacleto Morones
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"¡Viejas, hijas del demonio! Las vi venir a todas juntas, en procesión. Vestidas de negro, sudando como mulas bajo el mero rayo del sol. Las vi desde lejos como si fuera una recua levantando polvo. Su cara ya ceniza de polvo. Negras todas ellas. Venían por el camino de Amula, cantando entre rezos, entre el calor, con sus negros escapularios grandotes y renegridos, sobre los que caía en goterones el sudor de su cara.
        Las vi llegar y me escondí. Sabía lo que andaban haciendo y a quién buscaban. Por eso me di prisa a esconderme hasta el fondo del corral, coriendo ya con los pantalones en la mano.
        Pero ellas entraron y dieron conmigo. Dijeron: “¡Ave María Purísima!”
        Yo estaba acuclillado en una piedra, sin hacer nada, solamente sentado allí con los pantalones caídos, para que ellas me vieran así y no se me arrimaran. Pero sólo dijeron: “¡Ave María Purísima!” Y se fueron acercando más."

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"En la madrugada" por Juan Rulfo

Titulo: En la madrugada
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"San Gabriel sale de la niebla húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol y la niebla se levanta despacio, enrollando su sábana, dejando hebras blancas encima de los tejados. Un vapor gris, apenas visible, sube de los árboles y de la tierra mojada atraído por las nubes; pero se desvanece en seguida. Y detrás de él aparece el humo negro de las cocinas, oloroso a encino quemado, cubriendo el cielo de cenizas.
         Allá lejos los cerros están todavía en sombras.
         Una golondrina cruzó las calles y luego sonó el primer toque del alba.
      Las luces se apagaron. Entonces una mancha como de tierra envolvió al pueblo, que siguió roncando un poco más, adormecido en el calor del amanecer."

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"El día del derrumbe" por Juan Rulfo

Titulo: El día del derrumbe
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"—Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón?
        —No, fue el pasado.
        — Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón,¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor?
        —Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.
        —Tienes razón. Yo por esos días andaba en Tuzcacuexco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuviera m echas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas y se venían las paredes enteras contra el suelo. Y la gente salía de los escombros toda aterrorizada corriendo derecho a la iglesia dando de gritos. Pero espérense. Oye, Melitón, se me hace como que en Tuzcacuexco no existe ninguna iglesia. ¿Tú no te acuerdas?"

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"El llano en llamas" por Juan Rulfo

Titulo: El llano en llamas
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"“¡Viva Petronilo Flores!”
        El grito se vino rebotando por los paredones de la barranca y subió hasta donde estábamos nosotros. Luego se deshizo.
        Por un rato, el viento que soplaba desde abajo nos trajo un tumulto de voces amontonadas, haciendo un ruido igual al que hace el agua crecida cuando rueda sobre pedregales.
        En seguida, saliendo de allá mismo, otro grito torció por el recodo de la barranca, volvió a rebotar en los paredones y llegó todavía con fuerza junto a nosotros:
        “¡ Viva mi general Petronilo Flores!”
        Nosotros nos miramos.
        La Perra se levantó despacio, quitó el cartucho a la carga de su carabina y se lo guardó en la bolsa de la camisa. Después se arrimó a donde estaban Los cuatro y les dijo: “Síganme, muchachos, vamos a ver qué toritos toreamos!” Los cuatro hermanos Benavides se fueron detrás de él, agachados; solamente la Perra iba bien tieso, asomando la mitad de su cuerpo flaco por encima de la cerca."

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"La herencia de Matilde Arcángel" por Juan Rulfo

Titulo: La herencia de Matilde Arcángel
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

" En Corazón de María vivían, no hace mucho tiempo, un padre y un hijo conocidos como los Eremites; si acaso, porque los dos se llamaban Euremios. Uno, Euremio Cedillo; otro, Euremio Cedillo también, aunque no costaba ningún trabajo distinguirlos, ya que uno le sacaba al otro una ventaja de veinticinco años bien colmados.
         Lo colmado estaba en lo alto y garrudo de que lo había dotado la benevolencia de Dios Nuestro señor al Euremio grande. En cambio al chico lo había hecho todo alrevesado, hasta se dice que de entendimiento. Y por si fuera poco el estar trabado de flaco, vivía, si es que todavía vive, aplastado por el odio como por una piedra; y válido es decirlo, su desventura fue la de haber nacido."

"El hombre" por Juan Rulfo

Titulo: El hombre
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Los pies del hombre se hundieron en la arena dejando una huella sin forma, como si fuera la pezuña de algún animal. Treparon sobre las piedras, engarruñándose al sentir la inclinación de la subida; luego caminaron hacia arriba, buscando el horizonte.
        “Pies planos —dijo el que lo seguía—. Y un dedo de menos. Le falta el dedo gordo en el pie izquierdo. No abundan fulanos con estas señas. Así que será fácil.”
        La vereda subía, entre yerbas, llena de espinas y de malas mujeres. Parecía un camino de hormigas de tan angosta. Subía sin rodeos hacia el cielo. Se perdía allí y luego volvía a aparecer más lejos, bajo un cielo más lejano."

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"Talpa" por Juan Rulfo

Titulo: Talpa
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Natalia se metió entre los brazos de su madre y lloró largamente allí con un llanto quedito. Era un llanto aguantado por muchos días, guardado hasta ahora que regresamos a Zenzontla y vio a su madre y comenzó a sentirse con ganas de consuelo.

Sin embargo, antes, entre los trabajos de tantos días difíciles, cuando tuvimos que enterrar a Tanilo en un pozo de la tierra de Talpa, sin que nadie nos ayudara, cuando ella y yo, los dos solos, juntamos nuestras fuerzas y nos pusimos a escarbar la sepultura desenterrando los terrones con nuestras manos -dándonos prisa para esconder pronto a Tanilo dentro del pozo y que no siguiera espantando ya a nadie con el olor de su aire lleno de muerte-, entonces no lloró.

Ni después, al regreso, cuando nos vinimos caminando de noche sin conocer el sosiego, andando a tientas como dormidos y pisando con pasos que parecían golpes sobre la sepultura de Tanilo. En ese entonces, Natalia parecía estar endurecida y traer el corazón apretado para no sentirlo bullir dentro de ella. Pero de sus ojos no salió ninguna lágrima."

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"Macario" por Juan Rulfo

Titulo: Macario
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella es la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero, a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco."

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"Luvina" por Juan Rulfo

Titulo: Luvina
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella ni le sacan ningún provecho. Allí la llaman piedra cruda, y la loma que sube hacia Luvina la nombran Cuesta de la Piedra Cruda. El aire y el sol se han encargado de desmenuzarla, de modo que la tierra de por allí es blanca y brillante como si estuviera rociada siempre por el rocío del amanecer; aunque esto es un puro decir, porque en Luvina los días son tan fríos como las noches y el rocío se cuaja en el cielo antes que llegue a caer sobre la tierra.

...Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde de tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo. Un viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas en la tierra, agarradas con todas sus manos al despeñadero de los montes. Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el chicalote pronto se marchita. Entonces uno lo oye rasguñando el aire con sus ramas espinosas, haciendo un ruido como el de un cuchillo sobre una piedra de afilar."

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"La noche que lo dejaron solo" por Juan Rulfo

Titulo: La noche que lo dejaron solo
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"-¿Por qué van tan despacio? -les preguntó Feliciano Ruelas a los de adelante-. Así acabaremos por dormirnos. ¿Acaso no les urge llegar pronto?
-Llegaremos mañana amaneciendo -le contestaron.

Fue lo último que les oyó decir. Sus últimas palabras. Pero de eso se acordaría después, al día siguiente.

Allí iban los tres, con la mirada en el suelo, tratando de aprovechar la poca claridad de la noche.

"Es mejor que esté oscuro. Así no nos verán." También habían dicho eso, un poco antes, o quizá la noche anterior. No se acordaba. El sueño le nublaba el pensamiento.

Ahora, en la subida, lo vio venir de nuevo. Sintió cuando se le acercaba, rodeándolo como buscándole la parte más cansada. Hasta que lo tuvo encima, sobre su espalda, donde llevaba terciados los rifles.

Mientras el terreno estuvo parejo, caminó deprisa. Al comenzar la subida, se retrasó; su cabeza empezó a moverse despacio, más lentamente conforme se acortaban sus pasos. Los otros pasaron junto a él, ahora iban muy adelante y él seguía balanceando su cabeza dormida."

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"Es que somos muy pobres" por Juan Rulfo

Titulo: Es que somos muy pobres
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos ente­rrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llo­ver como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin dar­nos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un mano­jo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaban, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.
Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le re­galó para el día de su santo se la había llevado el río.
El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el es­truendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumban­do el techo de mi casa."

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"¡Diles que no me maten!" por Juan Rulfo

Titulo: ¡Diles que no me maten!
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.
-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.

-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.

-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.

-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.

-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:

-No.

Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato."


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"Acuérdate" por Juan Rulfo

Titulo: Acuérdate
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Acuérdate de Urbano Gómez, hijo de don Urbano, nieto de Dimas, aquél que dirigía las pastorelas y que murió recitando el "rezonga ángel maldito" cuando la época de la gripe. De esto hace ya años, quizá quince. Pero te debes acordar de él. Acuérdate que le decíamos "el Abuelo" por aquello de que su otro hijo, Fidencio Gómez, tenía dos hijas muy juguetonas: una prieta y chaparrita, que por mal nombre le decían la Arremangada, y la otra que era rete alta y que tenía los ojos zarcos y que hasta se decía que ni era suya y que por más señas estaba enferma del hipo. Acuérdate del relajo que armaba cuando estábamos en misa y que a la mera hora de la Elevación soltaba un ataque de hipo, que parecía como si estuviera riendo y llorando a la vez, hasta que la sacaban fuera y le daban tantita agua con azúcar y entonces se calmaba. Esa acabó casándose con Lucio Chico, dueño de la mezcalera que antes fue de Librado, río arriba, por donde está el molino de linaza de los Teódulos."

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"La cuesta de las comadres" por Juan Rulfo

Titulo: La cuesta de las comadres
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Los difuntos Torricos siempre fueron buenos amigos míos. Tal vez en Zapotlán no los quisieran; pero, lo que es de mí, siempre fueron buenos amigos, hasta tantito antes de morirse. Ahora eso de que no los quisieran en Zapotlán no tenía ninguna importancia, porque tampoco a mí me querían allí, y tengo entendido que a nadie de los que vi­víamos en la Cuesta de las Comadres nos pudieron ver con buenos ojos los de Zapotlán. Esto era desde viejos tiempos.
Por otra parte, en la Cuesta de las Comadres, los Torricos no la llevaban bien con todo mundo. Seguido había desavenencias. Y si no es mucho decir, ellos eran allí los dueños de la tierra y de las casas que estaban encima de la tierra, con todo y que, cuando el reparto, la mayor parte de la Cuesta de las Comadres nos había tocado por igual a los sesenta que allí vivíamos, y a ellos, a los Torricos, nada más un pedazo de monte, con una mezcalera nada más, pero donde estaban desperdigadas casi todas las ca­sas."

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"Nos han dado la tierra" por Juan Rulfo

Titulo: Nos han dado la tierra
Autor: Juan Rulfo
Incluido en el libro: El llano en llamas
Año: 1953

"Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
        Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero si, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
        Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
        Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
        —Son como las cuatro de la tarde."

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martes, 1 de julio de 2014

Los 10 Mejores Libros de Cuento de la Literatura Hispanoamericana

Hispanoamerica tiene una inagotable cantidad de cuentistas y cuentos que se cuentan entre los mejores de la literatura universal. Recomendamos aquí  10 de los Mejores Libros de Cuento de la Literatura Hispanoamericana, que si bien es una lista en la que faltará alguno, seguro los lectores encontrarán en estas 10 obras un caudal de buenas historias. ¿Qué otro libro de cuentos hispanoamericano recomiendan?

Juan José Arreola (1952)

Horacio Quiroga (1917)

Julio Ramón Ribeyro (1958)

Gabriel García Márquez (1992)

Jorge Luis Borges (1949)

Juan Rulfo (1953)

Jorge Luis Borges (1944)

Julio Cortázar (1956)

Julio Cortázar (1959)

Adolfo Bioy Casares (1948)

lunes, 16 de junio de 2014

10 Grandes Cuentistas de la Literatura Hispanoamericana

Hispanoamerica ha dado varios de los grandes maestros del cuento universal. Compartimos aquí una lista con 10 Grandes Cuentistas de la Literatura Hispanoamericana, que no son los únicos, ya que la lista podría ser más larga. De cada uno pueden leer algunos cuentos recomendados haciendo click sobre sus respectivos títulos. La lista está por orden alfabético.

(Argentina, 1914-1999)

Libros de cuentos: La trama celeste (1948), Historia prodigiosa (1956), Guirnalda con amores (1959), El lado de la sombra (1962), El gran serafín (1967), El héroe de las mujeres (1978), Historias desaforadas (1986), Una muñeca rusa (1990), Una magia modesta (1997), Historias fantásticas (1998)




(Uruguay, 1902-1964)

Libros de cuentos: Fulano de Tal (1925), Libro sin tapas (1929), La cara de Ana (1930), La envenenada (1931), Por los tiempos de Clemente Colling (1942), El caballo perdido (1943), Nadie encendía las lámparas (1950), La casa inundada (1960), El cocodrilo (1962)

Algunos cuentos recomendados: El cocodrilo, La casa inundada, Muebles "El canario"



(Colombia, 1927-2014)

Libros de cuentos: Los funerales de la Mamá Grande (1962), Ojos de perro azul (1972), La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), Doce cuentos peregrinos (1992)



(Uruguay, 1878-1937)

Libros de cuentos: El crimen del otro (1904), Cuantos de amor de locura y de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918), El salvaje (1920), El desierto (1924), Los desterrados (1926), Suelo natal (1931), Más allá (1935)




(Argentina, 1899-1986)

Libros de cuentos: Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), El Aleph (1949), El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975)





(México, 1918-2001)

Libros de cuentos: Confabulario (1952), Palindroma (1971), Bestiario (1972)

Algunos cuentos recomendados: El guardagujas, Parábola del trueque, La migala




(México, 1917-1986)

Libros de cuentos: El llano en llamas (1953)






(Argentina, 1914-1984)

Libros de cuentos: Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Todos los fuegos el fuego (1966), Octaedro (1974), Alguien que anda por ahí (1971), Queremos tanto a Glenda (1980), Deshoras (1982)

Algunos cuentos recomendados: La noche boca arriba, Casa tomada, La autopista del sur



(Perú, 1929-1994)

Libros de cuentos: Los gallinazos sin plumas (1955), Cuentos de circunstancias (1958), Las botellas y los hombres (1964), Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos 1972), El próximo mes me nivelo (1972), 
Silvio en El Rosedal (1977), Sólo para fumadores (1987), Relatos santacrucinos (1992)

Algunos cuentos recomendados: El banquete, Los gallinazos sin plumas, La insignia



(Chile, 1953-2003)

Libros de cuentos: Llamadas telefónicas (1997), Putas asesinas (2001)

Algunos cuentos recomendados: Sensini, Llamadas telefónicas, Playa


lunes, 19 de mayo de 2014

100 Grandes Cuentos de la Literatura Latinoamericana

Hemos elaborado esta lista con 100 Grandes Cuentos de la Literatura Latinoamericana. No son los únicos, ni pretendemos una lista de los mejores, más bien queremos compartir cien grandes obras de la narrativa breve generada en latinoamerica.


  1. Accidentado paseo a Moka - Roberto Arlt
  2. Acuérdate - Juan Rulfo
  3. A la deriva - Horacio Quiroga
  4. Amor - Clarice Lispector
  5. Anacleto Morones - Juan Rulfo
  6. Axolotl - Julio Cortázar
  7. Baby H.P. - Juan José Arreola
  8. Carta a una señorita en París - Julio Cortázar
  9. Casa tomada - Julio Cortázar
  10. Continuidad de los parques - Julio Cortázar
  11. Corazones solitarios - Rubem Fonseca
  12. De balística - Juan José Arreola
  13. ¡Diles que no me maten! - Juan Rulfo
  14. Dos cuentos católicos - Roberto Bolaño
  15. El ahogado más hermoso del mundo - Gabriel García Márquez
  16. El Aleph - Jorge Luis Borges
  17. El alienista - J.M. Machado de Assis
  18. El almohadón de plumas - Horacio Quiroga
  19. El avión de la bella durmiente - Gabriel García Márquez
  20. El balcón - Felisberto Hernández
  21. El banquete - Julio Ramón Ribeyro
  22. El cocodrilo - Felisberto Hernández
  23. El desierto - Horacio Quiroga
  24. El guardagujas - Juan José Arreola
  25. El gusano - Roberto Bolaño
  26. El hijo - Horacio Quiroga
  27. El informe de Brodie - Jorge Luis Borges
  28. El jorobadito - Roberto Arlt
  29. El llano en llamas - Juan Rulfo
  30. El marqués y los gavilanes - Julio Ramón Ribeyro
  31. El milagro secreto - Jorge Luis Borges
  32. El ojo Silva - Roberto Bolaño
  33. El perseguidor - Julio Cortázar
  34. El primer beso - Clarice Lispector
  35. El prodigioso miligramo - Juan José Arreola
  36. El rastro de tu sangre en la nieve - Gabriel García Márquez
  37. El reloj de oro - J.M. Machado de Assis
  38. El sur - Jorge Luis Borges
  39. En memoria de Paulina - Adolfo Bioy Casares
  40. Es que somos muy pobres - Juan Rulfo
  41. Felicidad clandestina - Clarice Lispector
  42. Feliz año nuevo - Rubem Fonseca
  43. Funes el memorioso - Jorge Luis Borges
  44. La autopista del sur - Julio Cortázar
  45. La canción de Peronelle - Juan José Arreola
  46. La carne - Virgilio Piñera
  47. La casa inundada - Felisberto Hernández
  48. La casa de Asterión - Jorge Luis Borges
  49. La cena - Clarice Lispector
  50. La gallina degollada - Horacio Quiroga
  51. La insignia - Julio Ramón Ribeyro
  52. La insolación - Horacio Quiroga
  53. La migala - Juan José Arreola
  54. La molicie - Julio Ramón Ribeyro
  55. La noche boca arriba - Julio Cortázar
  56. La partida del tren - Clarice Lispector
  57. La primera nevada - Julio Ramón Ribeyro
  58. La santa - Gabriel García Márquez
  59. La señorita Cora - Julio Cortázar
  60. La trama celeste - Adolfo Bioy Casares
  61. Las babas del diablo - Julio Cortázar
  62. Las moscas - Horacio Quiroga
  63. Las ruinas circulares - Jorge Luis Borges
  64. Llamadas telefónicas - Roberto Bolaño
  65. Los dos reyes y los dos laberintos - Jorge Luis Borges
  66. Los funerales de la Mamá Grande - Gabriel García Márquez
  67. Los gallinazos sin plumas - Julio Ramón Ribeyro
  68. Los hombres fieras - Roberto Arlt
  69. Luvina - Juan Rulfo
  70. Macario - Juan Rulfo
  71. Margarita o el poder de farmacopea - Adolfo Bioy Casares
  72. Mejor que arder - Clarice Lispector
  73. Misa de gallo - J.M. Machado de Assis
  74. Muebles "El canario" - Felisberto Hernández
  75. Natación - Virgilio Piñera
  76. No oyes ladrar los perros - Juan Rulfo
  77. Nos han dado la tierra - Juan Rulfo
  78. Ojos de perro azul - Gabriel García Márquez
  79. Otro cuento ruso - Roberto Bolaño
  80. Parábola del trueque - Juan José Arreola
  81. Para un final presto - José Lezama Lima
  82. Paseo Nocturno - Rubem Fonseca
  83. Playa - Roberto Bolaño
  84. Por las azoteas - Julio Ramón Ribeyro
  85. Rahutia la bailarina - Roberto Arlt
  86. Restos del carnaval - Clarice Lispector
  87. Semejante a la noche - Alejo Carpentier
  88. Sensini - Roberto Bolaño
  89. Silvio en El Rosedal - Julio Ramón Ribeyro
  90. Sólo para fumadores - Julio Ramón Ribeyro
  91. Sólo vine a hablar por teléfono - Gabriel García Márquez
  92. Talpa - Juan Rulfo
  93. Ulrica - Jorge Luis Borges
  94. Últimos atardeceres en la tierrra - Roberto Bolaño
  95. Un día de estos - Gabriel García Márquez
  96. Un hombre célebre - J.M. Machado de Assis
  97. Una flor amarilla - Julio Cortázar
  98. Una gallina - Clarice Lispector
  99. Una reputación - Juan José Arreola
  100. Viaje a la semilla - Alejo Carpentier